lunes, 12 de septiembre de 2011

la batalla de chapultepec

El 13 de septiembre de 1847 se llevó a cabo la Batalla de Chapultepec entre Estados Unidos y México, en ocasión de la invasión efectuada por los primeros.
En el marco de la guerra mexicano-estadounidense, el mencionado combate precipitó el final a favor de los americanos quienes al día siguiente ocuparon el Palacio Nacional.
A los efectos de enumerar algunos antecedentes, la Batalla de Chapultepec ya había sido facilitada por el hecho conocido como Guerra del 47. Estados Unidos ya se había anexado Texas, entonces perteneciente a México, Veracruz, Contreras y Molino Rey. Una vez obtenido el dominio de todo el valle de México, avanzaron hacia el cerro de Chapultepec que les proporcionaría el acceso a la capital.

Los estadounidenses se lanzaron a la pelea ocupando primero California y Nuevo México, luego la cuidad de Matamoros y Monterrey hasta llegar a Puebla y la ciudad de México en donde atacaron el castillo de Chapultepec un 13 de Septiembre de 1847.


El ejército de los Estados Unidos de América había invadido a la República Mexicana en el episodio conocido como Guerra del 47, so pretexto de violaciones territoriales en la zona de Texas que pertenecía a México desde época de la Colonia. Una parte del ejército estadounidense atacaba por el norte del país y otro contingente estadounidense había desembarcado en el puerto de Veracruz y avanzaba hacia la capital mexicana. En aquel entonces, en el Cerro de Chapulín (Chapultepec en idioma nahuatl) se encontraban las instalaciones del Colegio Militar comandado por el general José Mariano Monterde con menos de 50 alumnos y un número reducido de defensores sobrevivientes de las anteriores batallas, y auxiliada la defensa por el Batallón de San Blas al mando del Teniente Coronel Felipe Santiago Xicohténcatl. Al estar situado en un punto prominente en el poniente del Valle de México, era uno de los últimos reductos que restaban en la defensa de la capital; el punto estaba a las órdenes del anciano general Nicolás Bravo, héroe de la Independencia.

Una vez rodeadas las defensas orientales del Valle de México, los estadounidenses derrotaron a los restos del ejército mexicano en las funciones de armas de Padierna, Churubusco y el Molino del Rey. Sólo quedaba entre el ejército invasor y la capital el cerro de Chapultepec, que no era una fortaleza ni mucho menos, sino el domicilio del Colegio Militar; no obstante, a su alrededor se habían realizado apresuradamente ciertas obras de fortificación pasajera, por lo que fue bombardeado durante todo el día 12, siendo atacado y tomado con relativa facilidad el día 13 de septiembre de 1847 por las divisiones de Worth, Quitman y Pillow, que enfrentaron a una pequeña guarnición de 823 soldados y 43 cadetes, con 4 cañones. La entrada a la Ciudad de México quedó expedita para el ejército estadounidense.


Dentro de este episodio se ubica el evento conocido en México como el “Martirio Heroico de los Niños Héroes de Chapultepec” donde los jóvenes cadetes e instructores que se encontraban de guardia en el Castillo de Chapultepec tomaron las armas frente a los estadounidenses.
Las edades de los cadetes oscilaban entre los 14 y 18 años; los instructores Oficiales a cargo tenían un poco más de edad, pero seguían siendo muy jóvenes en comparación de otras experimentadas autoridades militares. El resto de la tropa de primera línea se encontraba muy reducida pues los remanentes habían sido desplazados hacia varios puntos de defensa alrededor de la Ciudad de México; y la mayor parte del ejército de línea ya había sido destrozado en el norte y oriente del país.
La historia oficial mexicana recuerda en particular a seis de esos jóvenes que perdieron la vida en el combate, ya que lo hicieron con un alto grado de heroísmo y honor. A estos jóvenes cadetes se les llama Niños Héroes de Chapultepec. Sus nombres: Juan de la Barrera, Francisco Márquez, Vicente Suárez, Fernando Montes de Oca, Agustín Melgar, y Juan Escutia.
En el Castillo de Chapultepec, hoy Museo Nacional de Historia, se conmemora mediante placas los puntos donde murieron estos jóvenes defensores mexicanos.





Desde su ubicación en lo alto del Cerro de Chapultepec, el Castillo de Chapultepec es el  eterno testigo del devenir histórico de México, viendo pasar entre sus muros y jardines, ejércitos, presidentes y emperadores que han dejado una huella indeleble en la memoria nacional.
Chapultepec ha sido un siempre un sitio crucial para la historia mexicana ya que desde tiempos precolombinos existían en ese bosque algunos santuarios y era el sitio de descanso de los emperadores aztecas, pueblo para el que este sitio tenía además una importancia mágica pues ellos consideraban que había dos entradas al inframundo, una en la ciudad de Mitla, Oaxaca y otra en una caverna del Cerro de Chapulín o Chapultepec que actualmente se encuentra un poco escondida pero es posible observarla en el costado sureste del cerro. Asimismo los manantiales de la zona abastecían de agua a la populosa capital durante esos años y posteriormente en la época virreinal.
En 1780 el virrey Matías Gálvez inició a finales del siglo XVIII la construcción de una residencia en la cumbre del cerro de Chapultepec que posteriormente se convertiría en Colegio Militar. Durante la invasión estadounidense de 1847 fue uno de los últimos baluartes que resistieron en la Ciudad de México. Posteriormente, en la década de 1860, el emperador Maximiliano de Habsburgo fijo en este sitio su residencia cautivado por las hermosas vistas del Valle de México que se aprecian desde el lugar, así embelleció el castillo con la adición de jardines y una sofisticada decoración interior y comunicó el Castillo de Chapultepec con el Centro Histórico, mediante la construcción de un boulevard al estilo de los construidos en París, el actualmente famoso paseo de la reforma  Con el transcurso de los años el Castillo fue la habitación de los presidentes de México hasta que en 1940 Lázaro Cárdenas lo donó a la nación para convertirlo en el Museo Nacional de Historia.
Este magnífico recinto además de poseer invaluables objetos históricos también nos permite conocer como vivían emperadores y presidentes, así como una hermosa vista, considerada por muchos como la mejor de toda la Ciudad de México.



Nació el 22 de febrero de 1827, en Tepic, Nayarit, ignorándose quienes fueron sus padres, pues en el Colegio Militar no existía expediente suyo, ya que era sólo alumno irregular, presentándose algunos días antes de su muerte en Chapultepéc, siendo admitido como agregado a la Escuela Militar, mientras podía tramitar su debido ingreso.

Estando Juan Francisco Escutia haciendo guardia en el edificio del Colegio Militar, la mañana del
13 de septiembre de 1847, al ver que irrumpían a él los invasores norteamericanos, por las rampas de acceso hacia el Castillo, les presentó resistencia, disparando sobre ellos su rifle. Como los invasores siguieran avanzando, se replegó y vio una bandera mexicana, perteneciente a alguno de los varios cuerpos de la Guardia Nacional que defendían el Castillo, y para evitar que la insigna patria cayera en manos del enemigo, se envolvió en ella y saltó a las rocas.

Su cuerpo rodó pendiente abajo, envuelto en la bandera que había salvado de que cayera en manos del enemigo, muriendo antes que dejarla al alcance del invasor. Tenía 20 años de edad, y era un joven robusto y animado. Su cuerpo fue encontrado, despeñado y todavía envuelto en la bandera. En 1952, como los restos de sus compañeros niños de heroicidad, los suyos fueron objeto del homenaje encendido de todo el pueblo mexicano, en imponente ceremonia que se efectuó en el Palacio Nacional y en la plaza principal de la ciudad de México.

Las urnas de cristal y de plata, en las que fueron puestos los restos de los Niños Héroes, sobre armones de artillería y cubiertas con la bandera nacional, fueron llevadas por las calles de la México, entre escoltas militares vestidas de gala y a los marciales acordes de las bandas de música, hasta su destino final, en el Monumento a los Niños Héroes, que se levanta en el majestuoso Bosque de Chapultepéc, frente al Castillo.



Nació el 29 de mayo de 1829 en Atzcapotzalco, siendo hijo de don José María Montes de Oca y de doña Josefa Rodríguez de Montes de Oca. En 1847, al ver invadida su patria por los norteamericanos, sintió deseos de aprender a defenderla, por lo que solicitó su ingreso al Colegio Militar, en el mes de enero de ese año. Ingresó el 24 de ese mes, causando alta en la Primera Compañía de Cadetes, en la que empezó su aprendizaje en la carrera militar, que duró tan poco.

Su solicitud de ingreso fue concebida en los siguientes términos: "Señor director: Fernando Montes de Oca, hijo de D. José María Montes de Oca, difunto, y de doña Josefa Rodríguez, ante V.S., con el debido respeto, hace presente que, deseando servir en la gloriosa carrera de las armas y teniendo la suficiente edad para comprenderla, así como los conocimientos necesarios de primeras letras, viendo al mismo tiempo lo invadida que está nuestra República y queriendo serle útil en la actual guerra con los Estados Unidos del Norte; juntando con esta los certificados y escritos que se me piden, a V.S. suplica encarecidamente se sirva admitirlo en la clase de alumno en el Colegio Militar, que dignamente manda..."

Montes de Oca fue uno de los alumnos del Colegio Militar que, el
13 de septiembre de 1847, a la vista de los norteamericanos que amagaban a la ciudad de México, no hizo caso a las recomendaciones que les hiciera el director, general Monterde, para que se refugiaran en sus casas, dejando el colegio a los soldados defensores; sino se quedó dentro del Castillo, y cuando se enteró que lo atacaban los invasores, se armó y se dispuso a presentar batalla. En su expediente se narra su muerte como sigue:

"...Muerto por la patria...


Nació en 1834 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Quedó huérfano de padre, y su madre se unió en segundas nupcias con el capitán de caballería don Francisco Ortíz, de quien el niño acarició el amor a las armas. El 4 de enero de 1847, cuando contaba con 13 años de edad, ingresó al Colegio Militar, cuando ya el general Zacarías Taylor, jefe de las tropas invasoras invasoras norteamericanas, se encontraba en Saltillo, y el general Winfield Scott preparaba la invasión de México, por el Puerto de Veracruz.

Su madre se presentó a las autoridades militares del colegio, con el siguiente escrito: "Digo yo, Micaela Paniagua de Ortíz, que por ésta me obligo a sostener con todo aseo posible y decencia regular, en el Colegio Militar, a mi hijo Francisco Márquez, que ingresa a dicho establecimiento con el objeto de instruirse en los ramos que allí se enseñan; y para que conste, doy la presente obligación en México, a 14 de enero de 1847".


Nació el 26 de junio de 1828 en la ciudad de México. Era hijo del general de división, artillero, don Faustino de la Barrera, fundador de la fábrica de pólvora de Santa Fe, y de la señora doña Dolores Valenzuela, hija del oidor del virrey. Tuvo 23 hermanos, entre ellos Francisco, que después de alcanzar el grado de coronel en el ejército, siguió la carrera eclesiástica; y el general Faustino de la Barrera. Contaba apenas doce años de edad, cuando en 1842 fue admitido en el Colegio Militar gracias a la posición de su padre, aunque no tenía la edad requerida.

Hizo con verdadero empeño su carrera, con muy buenas calificaciones en sus estudios, que le gustaban mucho. Pronto, por su conducta en la asonada conocida como el Plan de Regeneración Política, obtuvo el grado de subteniente de artillería, y al salir del Colegio fue destinado al Batallón de Zapadores, ya que sus preferencias eran hacia la construcción militar y la ingeniería. Pero no estuvo satisfecho con tal situación, ya que deseaba seguir estudiando, para "ser un oficial verdaderamente científico", por lo que hizo una solicitud para que se le permitiera estudiar por su cuenta, dejando el servicio.

Nació el 3 de abril de 1833, en la ciudad de Puebla, siendo hijo del primer ayudante de caballería, Miguel Suárez, y de la señora María de la Luz Ortega de Suárez. Sin embargo, en su acta de bautizo se dice ser hijo legítimo de José Ignacio Suárez y de María Tomasa Vázquez. En 1845, cuando contaba con 13 años de edaad, ingresó al Colegio Militar, seguramente mintiendo en cuanto a su edad, pues sólo eran recibidos muchachos entre los 14 y 18 años. En su solicitud de ingreso, de fecha 21 de octubre, dice haber estudiado ya gramática y cuentas.

También pudo ingresar a esa edad , porque los hijos de los militares eran aceptados desde los 12 años, aunque contra el reglamento del colegio. Vicente era de familia humilde, y en su breve vida cargó a cuestas una gran pobreza. Estando ya en el colegio, a una solicitud de ayuda, que hizo en 1846, se le contesta que si hay dos alumnos a los que se les proporcionan zapatos, "es porque uno de ellos es indigente de solemnidad y el otro descendiente de don jose maria morelos y pavon. En febrero de 1847, un escrito señala a seis jóvenes que pedían seis pesos mensuales para poder subsistir, y entre ellos está Vicente Suárez, quien en septiembre de ese año, asciende al pináculo de la gloria por haber sido de los cadetes que ofrendaron la vida en defensa de la patria, y a quienes la historia conoce como los "Niños Héroes". Su mención honoríficaa dice de su muerte, acaecida el 13 de septiembre de 1877, que se encontraba apostado como centinela en el vigía, del mirador del Castillo, cuando empezó el asedio de los norteamericanos contra Chapultepéc. 

Agustín María José Francisco de Jesús de los Ángeles Melgar Servín Uno de los Niños Héroes mexicanos, nació en 1829 en Chihuahua, Chihuahua.

Ingresó el 4 de noviembre de 1846 en el Colegio Militar. Fue expulsado el 4 de mayo del año siguiente por faltar a una revista. Fue aceptado de nuevo después de la Batalla de Churubusco como cadete agregado.

El 13 de septiembre de 1847 participó en la defensa del Castillo de Chapultepec ante el invasor norteamericano, fue herido gravemente y al día siguiente falleció.

La Patria lo homenajeó con un monumento construido en su memoria y la de sus cinco compañeros, en el monumento a los "Los Niños Héroes", en la Ciudad de México.

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